Del escritorio al barrio: la Contraloría de Bogotá aterrizó en la localidad de San Cristóbal con una consigna clara: el control fiscal camina cuando caminan sus responsables junto a la gente.

 Por: Lluvia Rivera


En una jornada que convocó a vecinos, jóvenes y líderes educativos, la entidad puso sobre la mesa no solo promesas, sino un mecanismo concreto para transformar inquietudes en seguimiento y resultados.

La mesa principal —presidida por Felipe Uscátegui, director de Apoyo al Despacho de la Contraloría Distrital; Carlos Andrés Prada, director de Participación Ciudadana; y Bernardo Peña, gerente local en San Cristóbal—fue el epicentro de una mañana dedicada a escuchar. Uscátegui, en representación del Contralor Distrital, Dr. Juan Camilo Zuluaga, subrayó la necesidad de institucionalizar la presencia en terreno: “Queremos oír a las personas, recibir todas sus inquietudes y hacer un tablero de control que nos permita hacerle seguimiento a todo lo que nos expresa la comunidad en estas reuniones”.


Lo que diferencia estas mesas es la apuesta por la transparencia operativa: cada queja, propuesta o señalización será registrada en un tablero de control público, diseñado para dar trazabilidad a las gestiones y evitar la evaporación de las demandas ciudadanas en los anaqueles administrativos.



La jornada sirvió también para reforzar la articulación entre la Contraloría y la Veeduría Distrital. Mientras la primera actúa dentro de sus competencias legales y constitucionales —fiscalizando recursos y procesos—, la Veeduría asume un rol complementario que puede acelerar soluciones prácticas para los problemas cotidianos que afectan a los barrios. Esa sinergia, enfatizaron los funcionarios, busca acortar tiempos y multiplicar resultados.



Uno de los capítulos más emotivos y esperanzadores del encuentro fue la intervención masiva de la juventud local. A pesar de estar en vacaciones, decenas de contralores estudiantes acudieron para relatar las carencias de sus colegios, la falta de infraestructuras seguras, la necesidad de programas culturales y deportivos, y la urgencia de espacios públicos dignos. Uscátegui agradeció y reconoció públicamente el compromiso de estos jóvenes, quienes no solo demandaron, sino que propusieron rutas de acción parceladas y viables.

La Contraloría recordó a los asistentes que sus canales oficiales —redes sociales, página web y Centro de Atención Ciudadano— están disponibles para que ninguna inquietud quede sin registro. Las peticiones que no corresponden a su competencia serán redireccionadas a la entidad competente, con la promesa de mantener a la comunidad informada sobre el avance de cada caso.

Esta sexta jornada en las localidades se consolidó como una de las más participativas hasta ahora, elevando la apuesta por un control fiscal territorial, cercano y responsable. Para los habitantes del suroriente de Bogotá, la presencia institucional no es un acto simbólico: es la posibilidad de ver sus dolores y gestionar propuestasdos con seguimiento y seriedad. Ahora queda por ver si el tablero de control cumplirá su promesa: transformar la escucha en acciones verificables y oportunas.

La Contraloría invita a los ciudadanos a continuar utilizando los canales institucionales y participar en futuras jornadas, como mecanismos para mantener viva la vigilancia ciudadana y la corresponsabilidad en la gestión pública.


La entrevista:



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