Por: Diana Rodríguez Editorial a J.W.R.H
En años de frialdad y cama vacía
anduve a tientas por la noche larga,
rozando con los dedos el silencio,
como quien busca un nombre en la nada.
Caminé entre los tentáculos de la muerte,
lentos, invisibles, persistentes,
susurrando ausencias en mis oídos
y sembrando sombras en la piel.
Fuiste llama y después ceniza,
promesa rota en la mitad del viento,
un eco que aún resuena en mis huesos
cuando la soledad se hace cuerpo.
Y sin embargo, te nombro sin ira,
como se nombra al mar cuando se aleja:
con respeto, con duelo, con distancia,
sabiendo que nunca vuelve igual.
Porque amarte fue también perderme,
y perderte… aprender a quedarme,
para despues verte partir entre la bruma
de un nuevo amor.