Por
Diana Rodríguez
Existe una forma
de caminar por la política que no se parece a los discursos afilados ni a las
estadísticas frías. Es esa manera de estar donde hay silencio, de hablar donde
hay miedo, de sostener la mano del otro cuando ya no hay nadie más que lo
intente. Eso es primero que todo lo que hace Gloria Díaz en su tránsito hacia
el Senado.
Desde sus inicios
en la administración pública hasta hoy, Gloria ha sido definida por quienes la
siguen como alguien que acoge antes de imponer, que escucha antes de resolver y
que mira al otro a los ojos sin prisa. Así lo reflejan sus pasos: actualizó la
Política Pública de Salud Mental en Bogotá, la transformó de letra muerta a
herramienta viva para la escucha ciudadana y la atención emocional comunitaria.
Ella no habla de salud mental como un concepto abstracto de salón; la sitúa en el cuerpo de los barrios, en el dolor de los hogares, en las grietas de una sociedad que ha aprendido a callar. “Un país que permite que el hogar sea un campo de batalla está formando ciudadanos que solo saben resolver el conflicto por la fuerza”, ha dicho, poniendo nombre común a un problema que muchos prefieren ignorar.
Los datos no son indiferentes a su mirada: en 2025, solo la violencia intrafamiliar superó los 101.000 casos reportados, y millones de colombianos transitan experiencias de ansiedad, duelo, aislamiento o desesperanza. Pero para Gloria, la cifra más importante no es la que queda en un papel: es la vida que palpita detrás de cada número, la narración incompleta de quienes no han encontrado un oído que los valide.
En redes, su nombre no circula por consignas huecas, sino por testimonios de quienes a través de mensajes, conversaciones o encuentros territoriales han sentido que su preocupación no es solo “otro tema de campaña”, sino una llamada urgente a transformar el dolor social en política humana, sensible y práctica.
Y es aquí donde su figura se vuelve también un tributo a la mujer amable y amorosa, esa que ha hecho de la empatía no una pose, sino un estilo de vida: una política que no excluye la emoción, sino que la sitúa como centro de la convivencia y la justicia social. Es mujer que sabe que sanar no es eliminar el pasado, sino aprender a caminar con él; que la dignidad se construye desde las palabras que acompañan más que las que ordenan; que el bienestar colectivo se arraiga en la calidad de las relaciones humanas.
El reto es inmenso como lo muestran las cifras nacionales de violencia, suicidio y sufrimiento emocional, pero para Díaz no es un obstáculo, sino un llamado. Su campaña lo traduce en una propuesta concreta: impulsar el cumplimiento efectivo de la Ley de Salud Mental, no como letra en papel, sino como acceso real a atención, talento humano y redes de apoyo comunitario que sostengan la vida en cada barrio y región.
En su mirada, la política no es el arte de ganar votos, sino la posibilidad de recuperar la palabra y la escucha en un país que tantas veces ha corrido de ellas. Y quizá ahí, en esa decisión de escuchar, está la esencia de Gloria Díaz: una mujer que no solo quiere legislar, sino poner en el centro de la acción pública el latido emocional de la gente, el cuidado de la mente como acto comunitario y la empatía como fundamento de la convivencia.
ppgda

ojala trabaje si gana.
ResponderEliminarme cae bien.
ResponderEliminartiene empapelada toda la ciudad
ResponderEliminarLA CONOZCO Y ES BUENA.
ResponderEliminarEsperemos que una vez tenga poder de verdad no se olvide de lagente.
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